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domingo, 10 de septiembre de 2017

El papel del adulto durante el juego

He escrito en varias ocasiones a cerca de la importancia de un ambiente preparado , del juego, del vínculo de apego, del movimiento… pero apenas he profundizado en el papel del adulto.


Mi forma de ver al niño forma parte de una filosofía en lo que lo importante no es tener un ambiente bonito, estético, de colores neutros, ofrecerles juguetes de madera o realizar muchas actividades sensoriales. Lo realmente importante son las relaciones, el trato al niño, estar convencido de que el niño es un ser capaz, constructor de su aprendizaje y que cada uno es diferente. Bajo mi punto de vista de poco sirve tener un espacio bonito, con muebles y juguetes de madera si el niño se encuentra en un entorno de premios y castigos, en el que no se respetan sus necesidades ni intereses y los momentos de juego o actividad son momentos de alta directividad.

En diferentes entradas en las que hablo sobre las provocaciones sí que explico el rol del adulto, un adulto que observa, que no sugiere ni dirige, que no dice lo que hay que hacer, que deja que el alumno sea él mismo y aprenda por descubrimiento. (os dejo un enlace a una de las provocaciones)


Pero ¿y el resto del tiempo?

Hablaré sobre el momento del juego porque es la actividad natural en el niño, el niño cuando tiene tiempo, espacio y objetos (aunque estos últimos son prescindibles), juega.

El juego para que sea juego debe de ser libre, elegido por el niño, sin intervención ni interferencia adulta, sin un objetivo predefinido ni una forma correcta de realizarlo, durante el juego el niño se implica emocionalmente. Si el juego tiene un objetivo, una forma correcta de realizarse, bajo mi punto de vista es actividad. (Si queréis profundizar en el tema os recomiendo ver el documental de Imagine Elephants)
El primer juego del bebé es sensorio motor: movimiento, exploración del cuerpo, de los sentidos, de los objetos… sobre los 2 años, durante el período preparatorio, es cuando aparece el famoso juego simbólico, “jugar como sí”. No será hasta los 6 años aproximadamente, cuando el niño cree, invente y siga con placer juegos de reglas, cuando entre en el estadio de las operaciones concretas. 

Bebé explorando objetos (juego sensorio motor)
como se ha sentado por sí mismo, ya coge los objetos haciendo "Pinza"

Voy a referirme pues a nuestro rol durante el juego sensorio motor y preoperatorio. El niño juega en cualquier lugar, aunque hay espacios ideales para ello: el exterior y la sala de psicomotricidad son lugares privilegiados para el juego libre por la amplitud de espacio, posibilidad de movimiento (tan importante en esta etapa), materiales adecuados… pero un “ambiente preparado” invitará igualmente al juego y por lo tanto al aprendizaje. 

Juego simbólico, las cajas son coches


¿Qué hace el adulto mientras los niños juegan?

-Nosotros somos su base segura ¿eso qué quiere decir? Que el niño necesita sentirse querido y protegido para explorar, para jugar, para aprender. La creación de este vínculo es de suma importancia y una prioridad para todo lo demás (de ahí la importancia de crear una verdadera adaptación en un ambiente escolar, podéis leer más aquí). Cuando el niño se siente seguro, respetado, aceptado, puede centrarse en otro tipo de actividades, sino estará constantemente buscando satisfacer esta necesidad básica.

En este sentido, atender sus necesidades afectivas, hablarles con respeto (como lo harías con un adulto), agacharnos a su altura, mirarles a los ojos, estar totalmente presentes… me perece fundamental.

Tantos sí hablamos de bebés como de niños más mayores, el vínculo es imprescindible. A veces me comentáis que un bebé no quiere estar en el suelo y en la mayoría de ocasiones es debido a que el adulto no está en el suelo tumbado junto al bebé ¡le falta algo fundamental, la presencia adulta, su base segura! 


-El adulto también observa (sin intervenir), el juego nos proporciona mucha información a cerca del niño: descubrimos sus gustos, preferencias, necesidades, dificultades, progresos, ritmos, de esta forma podemos ir ofreciendo una respuesta adecuada a cada niño, nuevos materiales… nos permite descubrir en qué etapa del desarrollo se encuentra con la intención de respetar a cada uno tal cuál es ya que cada niño es único y de esta forma ofrecer a cada uno lo que necesita, sobre todo modificado ese “ambiente preparado” del que hemos hablado.

Un ejemplo, un mismo material como puede ser un palo, es utilizado por un niño como una cuchara para dar de comer a unas muñecas. Al rato, otro niño lo coge y golpea con él un tubo de metal, disfruta del sonido, después se acerca a una rampa y observa cómo se desliza el palo por ella repitiendo la acción con pequeñas variaciones, primero horizontal, luego vertical… cuando se cansa, lo lanza y va a buscarlo de nuevo. En el primer ejemplo, el niño hace un uso simbólico del objeto, hace “como sí”, le da un uso diferente al original, está en una etapa preoperatoria. En el segundo, el uso es sensorio motor y nos encontramos con las reacciones circulares terciarias descritas por Piaget.

Observando el juego podemos recoger información sobre el movimiento, el uso de los objetos, el desarrollo cognitivo, la relación con los otros, su parte afectiva…

Hablamos pues de acompañar el juego pero no de interferirlo ni dirigirlo. El juego debe de ser libre, el juego no es un mero pasatiempo ni algo que tenga menos importancia que otro tipo de actividades dirigidas. El niño aprende jugando; jugando descubre su cuerpo, el funcionamiento y las características de los objetos, leyes de la física, vivencia aprendizajes, aprende a relacionarse con los demás… el niño descubre el mundo a través del juego y nuestro acompañamiento es fundamental. 



Laura Estremera

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