Pinceladas sobre movimiento libre

Continuamente utilizo facebook para escribir pequeñas reflexiones, ideas... Pero entiendo que no todos los que me seguís utilizáis esta red social, así que he decidido hacer una recopilación de aquellas pequeñas publicaciones que me parecen interesantes y que me gustaría que pudiérais encontrar con facilidad. A estas entradas voy a llamarlas "Pinceladas sobre" y en este caso voy a compartir las que tratan sobre movimiento.


Antes de que el bebé aprenda a darse la vuelta, cuando está  en la postura de boca arriba, se interesa por sus manos, que se llevará  a la boca y las chupará, llevando las dos a la vez hasta el centro de su cuerpo. Más adelante las colocará delante de sus ojos y las observará con detenimiento; conforme vaya controlando su cuerpo comenzará  a levantar sus piernas y se tocará los muslos, las rodillas y los pies, llevándolos incluso a la boca, replegándose sobre sí mismo. Así irá descubriendo su cuerpo antes de interesarse por el exterior, por lo objetos.

Es importante acompañar a los bebés con nuestra presencia, gesto y mirada, estar junto a ellos transmitiendo seguridad afectiva; ofreciéndoles tiempo para que descubran su cuerpo antes de “abrirse al exterior”. 
Las experiencias vividas por el bebé serán diferentes si lo colocamos bajo una “manta de actividades” con objetos colgando sobre sus ojos, con móviles moviéndose sobre él o sobre aparatos que le inmovilizan la postura.




Observar ese dedo gordo del pie, cuando un niño tiene libertad de movimiento te fascinas al observar todo el trabajo que hacen sus pies, sus dedos, cómo los apoya... ese dedo gordo, cuando se ponga de pie, tendrá mucha importancia en el equilibrio al andar ¿qué pasa cuando estos pies pasan todos estos meses dentro de unos zapatos?, ¿cómo son los apoyos?, ¿cómo se mueven sus dedos? Por no hablar de que durante el primer año, los bebés reciben más información sensorial a través  de los pies que de las manos. ¿cuántas veces se quitan los zapatos y los calcetines los bebés? Creo que ellos lo tienen claro: los bebés no necesitan llevar zapatos, para el desarrollo adecuado el bebé necesita ir descalzo.


Los bebés no necesitan zapatos, están conociendo su cuerpo, y a su vez, están descubriendo las sensaciones que el exterior les ofrece.

Tampoco los necesitan en sus primeros pasos, puesto que los apoyos serán más adecuados con los pies descalzos. 
De hecho, en mi sala de psicomotricidad, los peques, tengan la edad que tengan, van descalzos, porque los apoyos y las sensaciones son distintos.

Os invito a observar atentamente esos pequeños pies y todos sus descubrimientos


El ser humano se desarrolla siguiendo dos leyes, una de ellas es la céfalo caudal, que significa que el bebé va madurando en sentido descendente, de la cabeza hacia los pies. Por eso sostienen la cabeza mucho antes de caminar sobre los pies. 
En la imagen podéis ver cómo se refleja esta ley en los apoyos de su cuerpo a medida que el bebé va descubriendo las diferentes posturas.

Con unas líneas amarillas he marcado  los puntos de apoyo del cuerpo en el suelo ¿observáis cómo progresivamente estos se van reduciendo hasta llegar a la colocarse de pie?

Las diferentes posturas van exigiendo progresivamente menores puntos de apoyo⬇️ y a su vez mayor equilibrio⬆️, así como un aumento de los grados 📐 del ángulo respecto al suelo, desde un plano horizontal, paralelo al suelo, a uno vertical, perpendicular a este. 
Si respetamos este proceso, si no los colocamos en posturas que no alcanzan por sí mismos, ni usamos aparatos que fuerzan sus posturas;  y en cambio, ofrecemos tiempo, espacio y acompañamiento para que por sí mismos vayan descubriendo las diferentes posturas, apoyos y desplazamientos, observaremos cómo siguen esta evolución, y nos servirá para orientarnos sobre qué "viene antes" y qué "después".


¿Por qué se mueve un bebé y va conquistando las diferentes posturas, apoyos y desplazamientos por sí mismo?

Porque viene por naturaleza preparado para ello, forma parte del desarrollo de nuestra especie, y siguiendo su deseo se interesará por el ambiente, por los objetos que hay en él y para acceder a ellos, irá probando las posibilidades de su cuerpo.

Pero para ello el bebé necesita un vínculo seguro con sus cuidadores principales, que satisfagan sus necesidades, que le miren, le presten atención, den respuesta a sus emociones, le respeten tal cual es, que le trasmitan, a través del lenguaje no verbal principalmente, que el mundo es seguro que merece la pena explorar.

Necesita un ambiente adecuado, en el que moverse libremente, sin ser colocado en posturas que todavía no ha adquirido por sí mismo, porque, como ya he dicho, es una conquista progresiva.

Necesita tiempo para conocer su cuerpo, las diferentes porturas, los apoyos necesarios, sin que los adultos le apresuren. 
Y necesita objetos diversos, manipulables,  colocados en el espacio, que despertarán su deseo, su interés.



El bebé al nacer pierde ese contacto constante con nuestro cuerpo, escuchar el latido del corazón, una temperatura estable... se habla de una necesidad de exterogestación, que significa que en comparación a otros animales nacemos inmaduros (pensar en una oveja que al poco de nacer es capaz de desplazarse, alimentarse por sí misma...) por lo que los bebés humanos deberían de completar su gestación fuera del útero favoreciendo unas condiciones lo más similares posibles. 
En nuestra sociedad, aunque el porteo  comienza a ser más visible, todavía es mucho menos utilizado que el carro (cochecito). Generalmente en una primera etapa se utiliza el capazo, que permite que el bebé esté tumbado sobre una superficie estable y poquito a poco pueda mover sus manos y observarlas, tocarse los pies... y aunque sería preferible que fuera en brazos, sabemos que no siempre es posible, y el capazo al menos no inmoviliza al bebé porque este no está atado y favorece el desarrollo de su musculatura abdominal y de su espalda. 
Pero los bebés necesitan tacto, contacto, presencia adulta (porque hasta los 9-12 meses están en una etapa de exterogestación) así que metidos en un capazo suelen quejarse o incluso llorar (por eso los adultos mueven el carro, también cuando permanecemos parados) 
Y aquí viene cuando solemos interpretar mal la necesidad de los bebés y creemos que lo que quiere es "ver", que en el capazo "se aburre" o que lo que quiere es "estar sentado". 
La vista del bebé se va desarrollando a la par que su desarrollo motor, por lo que no puede ver con nitidez mucho más allá hasta que no comience a desplazarse gateando y respecto a sentarse, un bebé no puede pedir ni necesitar una postura que no es capaz de adquirir por sí mismo. 
Y por estas razones  generalmente se comienza a usar la sillita y el huevito para pasear y sin ser conscientes los colocamos en posturas para las que no están preparados, los inmovilizamos con los arneses y comienzan a moverse en la única dirección disponible y que le permiten los tirantes: hacia adelante, como vemos en la imagen; pero ya sabemos que ningún bebé aprende a sentarse haciendo fuerza abdominal hacia adelante.

Esto no quiere decir que no tengamos que utilizar sistemas de retención para vehículos, tenemos que utilizarlos en el lugar donde son necesarios, que es el coche y cuanto más tiempo a contramarcha, mejor (hay sillas que   pueden utilizarse más allá de los 4 años) pero para pasear y desplazarnos, debemos tener en cuenta el desarrollo de nuestros bebés para no adelantar acontecimientos que no van a beneficiarles, para ofrecer la opción que mejor se ajuste a sus necesidades y sobre todo, para interpretarlas de una forma adecuada. 


Parece ser habitual sentar a los bebés antes de que puedan hacerlo por sí mismos, incluso querer enseñarles a hacerlo. 
Pero la verdad es que los niños no necesitan que nadie ni nada les enseñe a sentarse o a andar. Ellos solos, si disponen de libertad de movimientos en el suelo y de un acompañamiento adecuado, serán capaces de hacerlo. 
Es cierto que en el mercado existen productos para sentar a los bebés, pero estos no deben ser utilizados si se tiene en cuenta el desarrollo normal del niño ya que en vez de favorecerlo, lo dificulta y además le resta experiencias más enriquecedoras.
Las hamacas, los asientos para sentar a los bebés, los cojines de lactancia para apoyarlos, los asientos de baño… están desaconsejados si el bebé no sabe sentarse por sí mismo (aunque si ya sabe sentarse, no los va a necesitar), así como sentarlos apoyados entre cojines, con sus manos u otras prácticas que “sostengan” al bebé.
Si el bebé no sabe sentarse por sí mismo, significa que su cuerpo (su espalda, su pelvis…) todavía no está preparado para ello, por lo tanto, no se debe colocar al niño en esas  posturas.





Cuándo un bebé se sienta por sí mismo, lo hace con la espalda recta, se apoya en isquions, sus manos están libres para poder coger objetos y además puede abandonar esa posición cuando lo necesita.

"Se sienta por sí mismo" quiere decir que el adulto no le "enseña" sentarse, no lo coloca sentado antes de que descubra esa postura por sus propios medios, no le apoya en cojines "para que vaya aprendiendo"... porque los bebés no alcanzan la sedestación  porque nosotros les enseñemos, sino que la conquistan ellos cuando su cuerpo está preparado, gracias a que tienen libertad de movimiento, espacio en el suelo para explorar, tiempo y un acompañamiento adecuado.




"El camino hasta que el niño empieza a andar es muy importante porque asienta las bases de muchos aprendizajes posteriores, si no dejamos que el niño lo realice por sí mismo, y lo que es peor, si le forzamos para que se salte etapas, cuando el niño necesite apoyarse en los peldaños que debería haber construido en su momento, encontrará mayores dificultades.

La lectura, la escritura, el lenguaje… se apoyan en esta etapa de suelo que suele pasar desapercibida.

Conceptos como arriba, abajo, dentro, fuera, delante, detrás… tienen que haberse vivido primero en el cuerpo para poderlos plasmar más delante de forma abstracta."


El reptado circular

Una vez boca abajo, el bebé comienza a desplazarse, primero suelen arrastrarse (hacen fuerza desde los brazos y empujan el resto del cuerpo), reptan en forma circular sobre su ombligo (como si fuera un reloj) como vemos en la imagen y más adelante suelen reptar, la diferencia entre arrastrarse y reptar implica un cambio a nivel cerebral. El reptado implica utilizar un patrón cruzado o contralateral, es decir, avanza el brazo junto a la pierna contraria, eso significa que hay conexión entre los dos hemisferios.



La sedestación oblicua

El bebé en libertad de movimiento, que pasa gran parte del día adoptando  diferentes posturas y desplazamientos en el suelo y que no es colocado por parte del adulto en posturas que no sabe hacer por sí mismo, aprende a sentarse más o menos a la par que a gatear y lo hace desde la posición de boca abajo o apoyado con su costado, de lateral, como vemos en la imagen, lo que se conoce como sedestación oblicua. Un bebé nunca se sienta de forma natural haciendo fuerza con los abdominales (eso lo hacemos los adultos) así que no debemos interpretar que cuando un bebé va paseando en el capazo o está tumbado boca arriba en el suelo  y hace fuerza con el abdominal como una señal de “se quiere sentar” porque está lejos todavía de sentarse. Aproximadamente, unos antes y otros después, el bebé suele aprender a sentarse por sí mismo sobre los 9 meses.

De hecho, para que un bebé aprenda a sentarse ha tenido que trabajar previamente su cuerpo pasando por todas las etapas anteriores a sentarse: voltear de boca arriba a boca abajo, estar boca abajo, reptar… y después de muchos ensayos y combinaciones, el bebé realmente estará preparado para poderse sentar.

Respetemos sus ritmos y no les impidamos el movimiento (sentarlos no ayuda, al revés bloquea su movimiento al adquirir una postura pasiva y dificulta la continuación de las etapas de movimiento posterior)
No hagas que se salten etapas porque antes no es mejor.





"Mi peque no gateó, pasó directamente a andar"

Ocurre más de lo que debería... pero que algo suceda no significa que sea lo más adecuado.

En primer lugar, TODOS los peques, sí no hay una patología que lo impida, van a andar ¡porque el ser humano se desplaza sobre 2 piernas! Y hagamos lo que hagamos, respetemos o no ¡van a andar! Pero el camino y las consecuencias no van a ser las mismas.

A nivel motor:
Un bebé al que se le respeta, al que no se le coloca en posturas que no llega por sí mismo, sino que las va descubriendo en función de sus posibilidades, va a tener unos APOYOS, Una POSTURA, un TONO... diferente que el que no ha sido respetado y esto no se observa sólo en el primer año de vida, perdura.
Hay que diferenciar la CANTIDAD (hacer algo: sí anda...) de la CALIDAD (cómo lo hace: con qué apoyos, con qué tono, sí hace compensaciones...) los adultos solemos fijarnos en la cantidad "el mío anda desde los 9 meses", "el mío uso taca taca y sube por todo" pero no en la calidad ¿qué apoyos usa?, ¿cómo coloca sus pies?, ¿por qué su tronco está tenso?....
Cuándo no los colocamos en posturas que no llegan por sí mismos y les ofrecemos el Tiempo, el espacio y el acompañamiento adecuado, aparece el volteo, el reptado, el gateo, se sientan por sí mismos, se ponen de pie, andan... y ¡claro que el gateo es importante! Podéis buscar artículos sobre el tema que ya he escrito, pero NO lo es SÓLO el gateo, es cómo se llega hasta él y cómo esté evoluciona hasta comenzar a andar.
La cuestión no es tanto sí gateó o no gateó, sino cómo fue su primer año de vida. Aunque lógicamente, sí hubo gateo, seguro que el peque tubo más posibilidades de explorar en el suelo y de descubrir su cuerpo.

A nivel emocional:
Pero cuándo le damos importancia al gateo, no nos importa sólo como un conjunto de músculos o porque tenga repercusión a nivel cerebral o en la futura lectura... lo que también importa es cómo se ACOMPAÑÓ a ese bebé, sí se le respetaba tal cual era o el adulto "siempre quería más", aún estaba en el suelo y ya lo sentaban, comenzaba a sentarse y ya lo ponían de pie ¿creéis que eso es tener en cuenta al bebé?
No es lo mismo llegar a este mundo y que los adultos que te quieren te perciban como alguien COMPETENTE, que confían en que vas a ir desarrollándote, que se respeta en el momento que estás y te sientes a gusto ; a que siempre "pidan más", que crean que, sí no "estiran de tí" no serás capaz de hacerlo. 
Tampoco es lo mismo que se respete la necesidad de movimiento, de exploración que es capaz de alcanzar el peque por sí mismo, que estar atado e inmovilizado en
Carros, hamacas, bumbos o sobreestimulados en tacatas, saltadores...

Por lo tanto, cuando le damos importancia al gateo, no es sólo al gateo en sí (que la tiene) es a todo lo que hay antes y después, es a cómo entendemos a los peques, sí los consideramos competentes y capaces o unos seres pasivos que nosotros tenemos que estimular. 

Y sí, encontramos muchos peques que "pasaron directamente a andar" pero... ¿tuvieron las oportunidades?


"No le gusta nada estar en el suelo"
Esta frase la escucho muchas veces, cuando a un peque "no le gusta" estar en el suelo, "se pone a llorar en cuanto le dejas" conviene observar varias cuestiones:
- el espacio: ¿el espacio en el que lo dejamos es firme y estable?, ¿es amplio visualmente, sin límites visuales?, ¿dispone de momentos para estar allí?...
- MI acompañamiento: ¿Qué me hace sentir verlo en el suelo?, ¿cómo me siento?, cuándo lo coloco en el suelo ¿dónde estoy yo?
Los bebés necesitan sentirse mirados, ser tocados, contacto... "dejarlos en el suelo" no significa "aprovecho para hacer otras cosas", para ir a otra habitación, ver la TV, el móvil... significa estar con el bebé, observarle, hablarle, tocarle... ¡lo que se aprende de un peque "sólo" mirándole!
Pero para ello debemos de estar en el suelo, a su altura, sentados o tumbados.
- La postura: ¿cómo lo coloco? Pues en posturas que llegue por sí mismo. Pikler nos hablaba de comenzar boca arriba y que fuera el peque el que fuera descubriendo las diferentes posturas, apoyos, desplazamientos... ¡sin enseñárles! El bebé es competente para ello.
-El tiempo: ¿durante cuanto tiempo? El que resulte placentero para el peque, cuando se cansa, lo cogemos.
-los objetos: ¿hay objetos que le resulten atractivos, que se adecúen a sus necesidades? (Tener en cuenta que durante los primeros meses están descubriendo su cuerpo, no necesitan juguetes)
- La interferencia: los bebés no piden estar en posturas que no conocen. Lo más saludable es colocarlos sólo en posturas que son capaces de alcanzar por sí mismos desde el suelo. Es normal que sí a un peque lo sentamos en el carro, en la hamaca, en el suelo (cuando aún no es capaz de alcanzar esa postura por sí mismo), le sostenemos de pie (porque creemos que "tiene fuerza en las piernas") usamos aparatos como los tacatás, saltadores... rechace estar en el suelo y "se salte" etapas de su desarrollo motor.
Respetemos su desarrollo porque este, no es una carrera, es un paseo que necesita su tiempo.


Cuando un bebé se mueve en libertad, cuando el adulto no interviene y se respeta que sea el bebé el que se mueva siguiendo su interés y su deseo, aparece la “posición del caballero”, una postura de transición entre la postura de gateo y ponerse de pie; primero se apoya en las rodillas, una de ellas se levanta y apoya la planta del pie. Gracias a este apoyo firme, alcanza la bipedestación  con sus manos agarradas a los muebles (u otros elementos estables) y comienza  la marcha lateral, una marcha que necesita brazos y piernas. Avanza de lado (no hacia adelante), permitiendo un trabajo adecuado entre la cabeza del fémur y el acetábulo. Una marcha que durará bastante tiempo, quizá varios meses y que irá permitiendo el equilibrio, el tono, la postura… adecuados para comenzar a andar hacia adelante.

Lógicamente no tiene nada que ver con un adulto que lo levanta, lo pone de pie, le da las manitas y le hace andar hacia adelante. 



Este tipos de aparatos NO son juguetes, no son necesarios ni adecuados para los bebés. ¿Os imagináis todo el peso de vuestro cuerpo colgando de los genitales?, ¿os imagináis estar en un aparato donde no podéis entrar ni salir cuando queréis?, ¿os imagináis que vuestras manos no puedan explorar lo que necesitan porque tenéis una “mesa” bajo los brazos?, ¿imagináis que lo objetos no podéis cogerlos porque están anclados al aparato?, ¿imagináis que si os cae un objeto no podáis  agacharos y recuperarlo? , ¿imagináis que no podéis descubrir vuestras piernas en movimiento porque no os las véis, ni tampoco los pies?, ¿imagináis que no percibís el equilibrio de vuestro cuerpo?, ¿os imagináis que objetos con luces, incluso sonidos, colgaran sobre vuestra cabeza? 
Pues ahora imaginar todo eso poniéndoos en el lugar de un bebé que está descubriendo su cuerpo, sus posibilidades y las del entorno.

Los bebés necesitan un espacio adecuado (el suelo), tiempo y un acompañamiento por nuestra parte para descubrir su cuerpo, las diferentes posturas y desplazamientos.

Los bebés no necesitan que les enseñemos, que les coloquemos en posturas que no son capaces de alcanzar por sí mismos, no necesitan aparatos, de hecho, este tipo de aparatos no respetan el desarrollo natural.



No necesitan nuestra ayuda

Sigue siendo habitual observar escenas como la de la imagen, adultos que creen que deben enseñar o "estimular" a los bebés y niños pequeños para que aprendan a sentarse, a andar... El bebé humano está preparado para descubrir las diferentes posturas y desplazamientos, pero tenemos que confiar en él, ofrecerle las oportunidades y el tiempo para hacerlo, tener paciencia y acompañarle.

Pero en una sociedad como la nuestra no es sencillo, en nuestra sociedad de la inmediatez, queremos que todo sea pronto, fácil, rápido, creemos que cuanto antes mejor, pero en lo que a desarrollo infantil se refiere, no es así. ¿Qué más nos da que se sienten un mes antes o un mes más tarde?, ¿qué más da que comience a caminar a los 11 meses o a los 13?, ¿acaso es una competición? 
En cambio, los apoyos, las posturas, el tipo de desplazamiento y la vivencia del bebé es diferentes si el movimiento nace de sí mismo a si es impuesto por el adulto.

Tenemos que confiar en la infancia y comenzar a ver a los niños y niñas en el momento en el que están, tener en cuenta que son capaces de descubrir por sí mismos todo eso que nosotros queremos adelantarles, que lo van a descubrir igual, pero cuando sea su momento y que haciéndolo, no los estamos ayudando, en ocasiones estamos incluso perjudicando su desarrollo natural.


Ningún aparato enseña a andar

A veces, que algo “siempre se haya hecho” no significa que se haya hecho bien, que contigo “lo hicieran y no te haya pasado nada” no significa que no haya riesgos o que se podría haber hecho de una forma mejor.
Que algo “esté en el mercado” tampoco nos da la garantía de que sea bueno para el desarrollo (el tabaco, el alcohol “se venden” y eso no significa que sea sano, por ejemplo)

Hoy en día tenemos mucha información y se han llevado a cabo muchas investigaciones que nos llevan a saber que no hacen falta aparatos para que los niños aprendan a andar, a sentarse… de hecho tampoco necesitan a un adulto que le enseñe (podéis leer a Emmi Pikler y toda su investigación sobre el movimiento en libertad…). Cuando un adulto “cree” ayudar a un bebé poniéndolo sentado, cogiéndolo de las manitas para “hacerle andar”, llevándolo en un arnés en el que el niño va colgado de sus genitales, en un asiento que le hace estar sentado o lo coloca en un “tacatá” para que se divierta, lo que en verdad está haciendo es interferir en su desarrollo, crearle dificultades que antes no tenía, ponerle barreras a un camino que el niño está PREPARADO para recorrer, a un camino que NO hay que enseñarle porque su propia naturaleza y su capacidad de aprender, de curiosidad le va a ir llevando a alcanzar esos hitos. (excepto si hay una razón que se lo impida y en ese caso deberá ser evaluado y si es necesario tratado por un especialista). Los adultos, no son conscientes de que esas prácticas que tenemos tan normalizadas dificultan un maravilloso camino que el niño es capaz de construir por sí mismo y es precisamente el niño el que debe de llevar el control, querer correr, querer acelerar etapas, querer “saltarnos escalones” de ese proceso va a repercutir en el futuro ya que unos aprendizajes se apoyan en los siguientes y así sucesivamente, por lo que cuando el niño tenga que volver y apoyarse en etapas previas que el adulto ha hecho que se salte, este necesitará un esfuerzo adicional para superarlas ¡con lo sencillo que hubiera sido simplemente respetar su desarrollo!


¿Qué mirada tenemos hacia la infancia, hacia sus capacidades, sus necesidades, hacia el juego...?, y en función de ello ¿cómo favorecemos esas situaciones y las acompañamos?


No es sólo juego o movimiento, sino que, con las limitaciones o posibilidades que encuentren los niños y niñas van a construir su autoconfianza, su autoestima, su autonomía... En palabras de Carmen Pascual en su libro Identidad y autonomía: "El adulto que se transforma en el protagonista de las acciones del niño, anulando la posibilidad de pensar, crear, sentir y generar nuevas metas en éste, convierte al sujeto de aprendizaje en un ser pasivo y dependiente".



Es habitual que aunque un bebé camine continúe recurriendo al gateo en determinadas ocasiones. El desarrollo motor es como una escalera, en la que los nuevos hitos se apoyan en los anteriores, y una vez adquiridos los previos no se olvidan; permaneciendo en el repertorio de posturas, apoyos y desplazamientos de la persona. 
Por eso, ante circunstancias que suponen un nuevo reto, o que sienten que necesitan mayor seguridad, más puntos de apoyo (equilibrio) o que necesitan desplazarse con mayor rapidez (sobre todo en los inicios de la marcha) recurrirán a formas de desplazamiento que ya conocen y dominan.






Estas son algunas de las pinceladas sobre movimiento libre que he ido escribiendo en mi página de facebook, os recuerdo que también podéis seguirme por Instagram y en el canal de YouTube, aprovechó para dejaros un enlace de este último sobre movimiento.


Las imágenes de esta entrada son de mi libro Ser niños acompañados

Laura Estremera